jueves, 6 de agosto de 2009

Trabajo final del seminario didáctico de la literatura con la Prof. Gloria Pampillo

Maestría en la enseñanza de la Lengua y la Literatura –
Universidad Nacional de Rosario.

DIDACTICA DE LA LITERATURA II
Profesora: Gloria Pampillo.
Fecha entrega: Diciembre de 2008.
Alumnas:Agostinelli, Graciela
Chaintiou, Ma. Cecilia.

“Y cuando pasa algo raro, cuando dentro del zapato encontramos una araña o al respirar se siente como un vidrio roto, entonces hay que contar lo que pasa,
contarlos a los muchachos de la cocina, o al médico.
Ay, doctor, cada vez que respiro…Siempre contarlo, siempre quitarse esa cosquilla molesta del estomago.

JULIO CORTAZAR, “Las babas del diablo”
Introducción
Considerando que a partir del siglo XX, el estudio de la narración tuvo un auge a partir de los Formalistas Rusos, los cuáles fueron seguidos por los teóricos de la Escuela Francesa quienes se inspiraron en la Lingüística Estructural y en sus desarrollos posteriores ; surge el análisis del texto mismo considerado como un objeto autónomo.
Los trabajos de los Formalistas Rusos dieron un impulso al Estructuralismo Frances, cuyas voces principales en el campo de la Teoría y la Crítica Literaria fueron Roland Barthes, Gerard Genette, A.J. Greimas, Claude Bremond y Todorov. Ambas corrientes responden a un paradigma común, la linguística Saussuriana.
Siguiendo con la revisión de éstos teóricos nos introduciremos en el análisis literario de un cuento de Jorge Luis Borges[1], quien es sin duda el escritor argentino con mayor proyección universal. Se hace prácticamente imposible pensar la literatura del siglo XX sin su presencia, y así lo han reconocido no sólo la crítica especializada sino además las diversas generaciones de escritores, que vuelven con insistencia sobre sus páginas como si éstas fueran canteras inextinguibles del arte de escribir.
Borges fue el creador de una cosmovisión muy singular, sostenida sobre un original modo de entender conceptos como los de tiempo, espacio, destino o realidad. Sus narraciones y ensayos se nutren de complejas simbologías y de una poderosa erudición, producto de su frecuentación de las diversas literaturas europeas, en especial la anglosajona -William Shakespeare, Thomas De Quincey, Rudyard Kipling o Joseph Conrad son referencias permanentes en su obra-, además de su conocimiento de la Biblia, la Cábala judía, las primigenias literaturas europeas, la literatura clásica y la filosofía. Su riguroso formalismo, que se constata en la ordenada y precisa construcción de sus ficciones, le permitió combinar esa gran variedad de elementos sin que ninguno de ellos desentonara.
Borges en su adolescencia devoraba incansablemente la obra de los escritores franceses, desde los clásicos como Voltaire o Víctor Hugo hasta los simbolistas, y descubría maravillado el expresionismo alemán, por lo que se decidió a aprender el idioma descifrando por su cuenta la inquietante novela de Gustav Meyrink El golem.
El libro Ficciones (1944) consolida a Borges como uno de los escritores más singulares del momento en lengua castellana. En las páginas de este último libro se despliega toda su maestría imaginativa, plasmada en cuentos como "La biblioteca de Babel", "El jardín de los senderos que se bifurcan" o "La lotería de Babilonia".


ANALISIS LITERARIO
Cuento : « El fin » Jorge L. Borges

Todorov identifica dos niveles en la obra literaria narrativa: historia y discurso.
La historia o argumento en realidad es una abstracción, no existe por si misma, siempre es percibida y contada por alguien, lo que en realidad presenta el texto es el relato o discurso de la historia, a partir de ese discurso, el lector hace una abstracción que lo llevará hacia la historia misma.
La categoría de la historia comprende el nivel de las acciones que Barthes llama funciones (que se organizan en núcleos y catálisis), que además de ser sujetos de las acciones, son conformadas por el nivel indicial. En nuestro cuento se observa la presencia de un ambiente con características particulares (pulpería), en el cual el desarrollo de la historia es propio de ese lugar y personajes.
La categoría de discurso comprende la representación del tiempo, el punto de vista seleccionado para narrar los hechos y el modo que se elige para dar a conocer la historia.
El discurso es el nivel específico del narrador dentro del relato, este organiza el mundo que narra aunque a veces puede ser un personaje de la historia.
En la obra que estamos analizando este discurso esta organizado por un narrador que no es protagonista dentro de la historia, y que a su vez, requiere de un lector que tenga saberes previos con respecto a la historia de este personaje ( Martín Fierro).

Gerard Genette en 1972 toma la distinción que hacen los primeros estructuralistas entre dos niveles:
- Uno de la historia.
- El otro del discurso.
Y hace un replanteo; en esta posición se puede reconocer por ejemplo la oposición entre fabula/tema que habían realizado los formalistas rusos. Esto resultaba insuficiente porque no da cuenta del proceso narrativo que convierte a la historia en relato.
En su “Discurso del relato, ensayo de método”[2] El distingue tres instancias: la historia, señala el conjunto de acontecimientos que se cuenta; el relato, es el discurso oral o escrito que lo pone en palabras, y la narración es el hecho o acción verbal que convierte la historia en relato.
Analizando la propuesta de Genette, en los relatos de ficción, la actividad narrativa, la narración va desplegando simultáneamente la historia y su relato, tal como el lo ilustra en un cuadro:

NARRACION Historia
Relato.

La obra seleccionada se encuentra según el análisis de Genette dentro de la narración como un relato ficcional, encontrando la historia en todo lo que sucede entre los personajes simultáneamente, y la trama que acontece a los mismos, y el relato se presenta como el texto que le llega al lector donde se encuentra el tiempo, el modo y la voz.
Genette, establece dos categorías para analizar el tiempo en el relato discursivo que surge a partir de las relaciones entre el tiempo, modo y relato[3]. Estas relaciones se dan entre el tiempo de la historia y el tiempo del relato y por otra parte entre el tiempo del relato y el tiempo de la narración.

El relato de El fin, es la continuación (efecto) de un pasaje (causa) del Martín Fierro de José Hernández[4], proponiendo otro desenlace para este personaje, siendo este el protagonista que los enlaza. El otro elemento de unión entre los relatos es una pelea, que antes de El fin sólo se componía de un tiempo, el pasado y que, después del cuento de Borges, se ha vuelto infinito, pues éste puso en movimiento la interminable rueda de las causas y los efectos.
En el caso de El fin, el momento epifánico se presenta tanto para Martín Fierro como para el Negro payador, pero no para Recabarren. Fierro y el Negro, se encuentran en el relato para, por fin, cumplir con ese momento tan esperado por ambos. En el primero, hallar la muerte; en el segundo, redimir la de su hermano. La lucha representa el momento epifánico para ambos, pues se hallan de frente con su razón de ser. Si alguno no cumpliera con lo que de él se espera, se rompería la secuencia, interrumpiendo al infinito.
En este relato de Borges, Martín Fierro llega al encuentro con su muerte (en la persona del Negro payador), después de deambular "una porción de días te hice esperar, pero aquí he venido” (p. 520)". Este deambular y la imprecisión en el tiempo transcurrido antes del encuentro final, bien podrían ser toda la historia del gaucho. Quizá sólo un doblez del tiempo que Fierro cuenta en días y el Negro payador en años. Lo cierto es que, a Martín Fierro es posible identificarle un pasado.
Fierro cumple con su Destino y termina su vida, no así sus efectos. Su muerte es la causa de lo que ha de sucederle, de ese momento en adelante, al Negro payador.
Este, por su parte, posee antecedentes oblicuos en el poema. Él jamás aparece en éste. Más aún, ningún elemento en el poema presagia su aparición posterior. Nunca se menciona en el poema que el Negro con que se lía a cuchilladas Martín Fierro, tenga un hermano o varios, que en algún momento desearían vengar su muerte.
Este se presenta en la pulpería para cumplir con la redención de su hermano. Ha ido a saldar una cuenta que no es del todo suya. En cierto modo, su vida, hasta antes de matar a Fierro, está compartida con su hermano.
Después de ello, se convierte en una mezcla de consuelo por redimir a su hermano y desolación por su propio porvenir, “cumplida su tarea de justiciero, ahora era nadie. Mejor dicho era el otro: no tenia destino sobre la tierra y había matado a un hombre” (p. 521).
A partir de la muerte de Martín Fierro, el destino del Negro payador es totalmente suyo y espera un momento epifánico futuro que le permita su propia redención.
Analizando la temporalidad en la obra mencionada observamos una minusiosa contruccion de la misma en el relato, los recuerdos lejanos que contribuyen a la construccion del sentido cuando El Negro trae el recuerdo de lo ocurrido 7 años atras de la muerte de su hermano, siendo esto el motivo por el cual el narrador crea esta historia, ya que la historia narrada esta inspirada en algo que sucedio antes, en otra historia ( Libro de Martin Fierro), recuperando acontecimeintos del pasado. El narrador organiza los recuerdos del Negro, ( usando analepsis para recuperar el pasado inmediato) en un relato impotente que devela la verdadera dimension de la tragedia.

Roland Barthes, propone un análisis de las acciones del relato, a las que denomina funciones [5]. Esta categoría la toma de Vladimir Propp, quien entiende por ella a “la acción de un personaje por su significación en el desarrollo de la trama”, y es complejizada en la “introducción al análisis estructural de los relatos”: Barthes sostiene que hay que dividir el relato y determinar los segmentos del discurso narrativo, definiendo así las unidades narrativas mínimas.
Siguiendo a este autor, podemos reconocer en el texto los siguientes núcleos (funciones cardinales) y catálisis (descansos del relato):
Núcleos:
- La espera de Recabarren y el Negro.
- La llegada de Martín Fierro.
- La muerte de Martín Fierro.
Como se puede observar, los núcleos hacen avanzar las acciones que se relatan, ahora deberíamos agregar las catálisis, que complementan, distraen, amplían y detienen, y esto tiene que ver con lo descriptivo dentro de la historia. Barthes sostiene: “no es posible suprimir un núcleo, sin alterar la historia, pero tampoco es posible suprimir una catálisis sin alterar el discurso.
Algunos ejemplos de catálisis encontradas son: en la espera de Recabarren y el negro, (aparece como catálisis “de la otra pieza le llegaba un rasgueo de guitarra...” “recobro poco a poco su realidad...”. En el núcleo cuando llega Martín Fierro, podemos mencionar las siguientes catálisis : Recabarren no lo vio mas, pero lo oyó chistar, apearse, atar el caballo al palenque...”.
En el 3º núcleo (la muerte de Martín Fierro) aparecen: “inmóvil, el negro parecía vigilar su agonía laboriosa, limpio el facón...”.
Tomando a Claude Bremond [6] quien sostiene que una secuencia es la sucesión lógica de núcleos unidos entre si por una relación de solidaridad, iniciándose la misma cuando uno de los términos no tiene antecedente solidario, y se cierra cuando no tiene consecuente, se puede observar que en la secuencia desarrollada “El fin” aparece un trayecto conformado por ese conjunto de acciones o núcleos mencionados.
Teniendo en cuenta esta afirmación, en el texto mencionado encontramos la siguiente secuencia de acciones:

Recabarren está en una habitación.
Escucha al Negro que está en la habitación de al lado.
El Negro espera.
Recabarren observa que aparece un hombre a caballo.
El negro lo recibe con ironía.
Ambos dialogan.
El forastero comenta que la muerte lo incita nuevamente.
El negro cambia el rumbo de la conversación.
Los dos se encaminan hacia fuera.
El negro le pide al forastero que use el mismo coraje y maña como cuando mató a su hermano.
Se entreveran en lucha.
El negro sale herido.
Recabarren observa todo desde la ventana.
Martín Fierro muere.
El negro se siente diferente, había matado.

Algirdas Julien Greimas [7] propone la categoría de “actantes” cuyo origen parte de los esquemas que había desarrollado Vladimir Propp en su Morfología del Cuento de 1928.
Greimas clasifica a los personajes por lo que hacen, por las acciones que realizan, no por lo que son, tal como lo hace Propp, diferentes personajes pueden realizar acciones diferentes, o sea actancias diferentes, es decir cada personaje puede pasar de ser héroe a traidor, o viceversa, como en el caso del Negro con un actitud inofensiva y silenciosa que posee al principio del cuento, se convierte al final en un justiciero.
Cuando Roland Barthes habla de las unidades integrativas, están conformadas por los indicios y por los informantes.
Son integrativas porque completan su sentido únicamente si nos desplazamos hasta otro nivel: los datos del lugar, época del año, deben integrarse estas a las funciones cardinales; los datos de carácter de los personajes, deben integrarse en el nivel de los actantes. Los indicios y los informantes son unidades semánticas. Los informantes son datos puros, se sitúan en tiempo y en espacio, aportan un conocimiento concreto sobre el personaje, como la edad, estado civil; mientras que los indicios pertenecen al orden de lo metafórico, y es preciso descifrarlos, ya que generalmente remiten a un clima, sentimiento, etc.
Indicios: “.....que aceptó la parálisis como antes había aceptado el rigor y las soledades de América”. (p.519). (Remite a la ubicación geográfica)
Informantes: “....más de siete años pasé yo sin ver a mis hijos” (p.520) ( Remite a su paternidad)
“Con el otoño se van acortando los días”. (p.520) ( Remite a la estación del año)
“Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo” (p.521). (Remite a un horario especifico).

Para continuar el análisis tomamos la clasificación de los aspectos del relato que desarrolla Todorov referentes a las relaciones que ofrecen las focalizaciones y la voz en el relato, es decir quien percibe y quien habla, como elementos que pertenecen a la categoría del narrador. Genette respecto a esto sostiene que ambas categorías deben analizarse separadamente.
Todorov identifica tres tipos de relaciones posibles entre el narrador/perceptor y el mundo interior del personaje. Las analiza siempre como relaciones de conocimiento, de saber: narrador>personaje (la visión por detrás); es la característica del relato clásico donde el narrador sabe mas que el personaje; este agente focalizador es un sujeto ficticio que se convierte en el sujeto de todas las percepciones, pudiendo percibir acciones que suceden en distintos lugares sabiendo lo que piensan y sienten los personajes constantemente. En el análisis del cuento no encontramos este tipo de relación.
Otra de las relaciones descriptas por el mencionado autor es el narrador=personaje
(Visión con) característico de la literatura moderna; aquí el narrador conoce tanto como los personajes, no puede ofrecernos una explicación de los acontecimientos antes de que los personajes lo hayan descubiertos, como sucede en “El Fin”, que el narrador va acompañando al mismo tiempo los sucesos del relato.
Y la tercera visión narrador personaje (visión desde afuera) donde el narrador sabe menos que cualquiera de sus personajes, describiendo lo que ve u oye, pero no tiene acceso a ninguna conciencia.
El siglo XX prefiere las visiones “con” es decir una percepción narrativa solidaria con la conciencia de algunos de los personajes; la primera de las características mencionada “visión por detrás” fue característica de la epopeya clásica.
Toda historia es referida por un sujeto y dirigida por otro, es un acto narrativo, suponiendo una situación narrativa, reconociéndose la voz de un enunciador; que construye una imagen del destinatario, a quien dirige y en función del que articula su discurso:
En el cuento analizado la voz narrativa es en tercera persona en tiempo presente, mostrándose como observador de lo que sucede en la historia, construyendo una imagen del lector, quien debe poseer conocimientos concretos, para poder entender la historia.
Benveniste sostiene que el relato no puede concebirse, sino como un acto de enunciación realizado por un sujeto y dirigido a otro. Los relatos canónicos como el cuento el “El Fin”, se caracterizan por presentar narradores que no se nombran así mismo, que no narran sus propias historias. Usan las terceras personas para que el lector centre la atención en aquello de lo que habla, en lo narrado; según Genette “la elección del novelista no es entre dos formas gramaticales, sino entre dos actitudes novelistas (cuyas formas gramaticales no son sino una consecuencia mecánica): hacer contar la historia por uno de sus personajes o por un narrador extraño a dicha historia” [8]
Considerando lo antes mencionado, y teniendo en cuenta la categorización que hace este autor, la relación que establece el narrador con el mundo narrado pertenece a la clasificación heterodiegetica; el narrador narra, relata los acontecimientos desde fuera del mundo narrado, cuenta acerca de otros.


Ricoeur sostiene que un texto no existe si no es leído; ésta lectura convoca tanto al texto, al autor como al lector. Los tres protagonistas irán produciendo un nuevo sentido, una combinación semántica. Aquí el lector, une, combina, produce, va esquematizando siguiendo lo que le propone el texto que lee. El lector con su inteligencia narrativa logra ésta combinación semántica. Esta inteligencia narrativa nace de la frecuentación de los textos de la cultura, permite la comprensión que debe entrar en relación dialéctica con la explicación del texto.
En ésta relación descripta, aparece la narración que es dinámica y se da en tres momentos: la experiencia previa, el texto como configuración dinámica y el acto de lectura. A éstas etapas Ricoeur las llama mimesis I, II y III. El término elegido por el autor, mimesis, significa en griego, representación. No es una copia de los acontecimientos de la vida, sino una mimesis creativa, como la metáfora, la narración son una innovación semántica, una creación
La mimesis I le pide al lector una inteligencia especial: la inteligencia de la praxis, por la que hay que entender la vida de la acción, el obrar humano, es decir si los lectores entienden la narración es porque traen consigo estas inteligencias. No solo el lector toma esta inteligencia, sino también el poeta la ha tomado: es sobre su conocimiento de los hechos de la vida que el poeta construye el poema.
El “antes del texto” otorga competencias que les permiten comprender en que consiste el obrar, en que consisten las pasiones, la calificación de los caracte.
Continuando con el análisis de Ficciones, encontramos la mimesis I, en la relacion que debe existir entre el autor ( primeramente) y el conocimiento de la historia previa que existe con respecto al personaje ( en este caso Martín Fierro), lo cual le va a servir para escribir su propia narración; al igual que los saberes o conocimientos que debe tener el lector sobre dicho personaje, ya que, en caso, de no entrar en juego la inteligencia narrativa que poseen estos dos actores, no existiría comprensión de dicha narración.
El lector identifica la acción en general por sus rasgos estructurales, es decir por la relación que tiene con otras acciones. Las acciones son fines, remiten a motivos, tienen agentes que hacen y pueden hacer cosas, estos agentes actúan en circunstancias que ellos no han producido, pero si pertenecen al campo práctico, en cuanto circunscriben sus acciones.
Además que obrar significa interactuar con otros, y puede tomar la forma de la cooperación, de la competición, o de la lucha y finalmente esta el resultado de las acciones.
La inteligencia narrativa transforma la red de la acción por medio de rasgos discursivos que la diferencian de una simple secuencia; los rasgos discursivos establecen relaciones temporales y causales entre las frases de acción, utilizan el tiempo y el modo del verbo, y van conformando un discurso que se puede llamar narrativo. El que comprende una historia demuestra que comprende a la vez el lenguaje del hacer de la acción, y la tradición cultural de todos los tipos de tramas.
Mimesis II: la configuración de la trama es el texto mismo, como dice Genette el relato. Para mostrar cómo la configuración de la trama media entre el antes y el después de la narración, Ricoeur siguiendo su pensamiento que no acepta el estatismo del texto se centra en sus caracteres dinámicos. Estos son los que la trama pone en juego para constituirse; también los que le permiten operar fuera de este campo entre la precomprensión y la poscomprensión del mundo de la acción. Las operaciones dinámicas que la trama realiza dentro de su propio campo son:
a) media entre acontecimientos individuales y la historia como un todo.
b) Media integrando elementos heterogéneos, de os cuales el mas significativo son los episodios discordantes.
c) Media por sus caracteres temporales propios.
Identificando la mimesis II en nuestra narración, esta surge en el momento en que el lector se encuentra con el texto mismo, donde aparece la relación de estos dos con la historia que cuenta el autor, entrando en juego en esta etapa de la narración el sentido que entre los 3 protagonistas ( autor, texto y lector) le otorgan a la narración
Mimesis III: El acto de lectura. El recorrido de la mimesis III alcanza su cumplimiento en el lector o en el oyente, dice Paul Ricouer.
El texto narrativo no esta, sino que “esta siendo hecho”¸autor, texto y lector van produciendo el sentido.
El lector colabora en comprender o tomar juntos los elementos de la acción, se produce una intersección del mundo del texto con el lector.
Ricouer reemplaza el término de referencia por el de refiguración, que es un efecto de lectura: la refiguración del mundo de la acción del mundo del lector, bajo la influencia de la trama que proyecta un mundo. El lector percibe la narración como experiencia del mundo, como otra posibilidad de lo real, y continuando con la localización de las etapas de la narración, concluimos con la mimesis III en el momento en que el lector, una vez, que conoce la narración, le otorga un nuevo sentido a la misma, construyendo su propia creación..
BIBLIOGRAFIA :
- Pampillo Gloria y otros. « Una araña en el zapato », Libros de la Araucaria. Sociedad anonima ; año 2005. Argentina.
- Bremond, Claude “La lógica de los posibles narrativos”, en Análisis estructural del relato.
- Algirdas Julien Greimas, Semántica Estructural. Investigación metodológica. Madrid, Gredos, 1971
- Borges, Jorge Luis. "El fin", en Ficciones. Madrid, Alianza Editorial, 1980, p. 183-187.
- Hernández, José. Martín Fierro. México, Editores Unidos Mexicanos, 1981, (Literatura Universal, 53), 221 p.
[1] Borges, Jorge Luis en “Ficciones”. Cuento: El fin (Pág.519). Emecé Editores. Año 1994.
[2] Gérard Genette: “Discurso del relato, ensayo del método”, Figuras II, Barcelona Editorial Lumen 1989
[3] Pampillo, G. y otros. “Una araña en el zapato” Cap. 2. Pág. 45. Editorial Libros de la Araucaria.(2005)
[4] Hernández, José: Colección literaria “Martín Fierro”, Ediciones Colihue, 1996
[5] Pampillo, G. y otros. “Una araña en el zapato” Cap. 2. Pág. 27. Editorial Libros de la Araucaria.(2005)
[6] Claude Bremond, “La lógica de los posibles narrativos”, en Análisis estructural del relato.
[7] Algirdas Julien Greimas, Semántica Estructural. Investigación metodológica. Madrid, Gredos, 1971
[8] Gerard Genette, op. Cit .

No hay comentarios:

Publicar un comentario